Rebranding: cuándo tiene sentido y cuándo estás resolviendo el problema equivocado

Rebranding: cuándo tiene sentido y cuándo estás resolviendo el problema equivocado

Rebranding es una de esas palabras que se usa para todo. Cambiar el logo es rebranding. Cambiar la paleta es rebranding. Rediseñar el sitio es rebranding. Y como la palabra sirve para casi cualquier cosa, también se convierte en la respuesta automática a casi cualquier problema, incluso a los que no tienen nada que ver con la identidad de la marca.

Un rebranding bien hecho puede cambiar por completo la trayectoria de un negocio. Un rebranding mal indicado solo repite el problema original con otra estética, y además te cuesta el presupuesto que podría haber resuelto lo que realmente estaba fallando.

Señales que sí justifican un rebranding

Tu negocio cambió de forma sustancial y tu marca actual ya no representa lo que haces. Pasaste de vender un producto a vender varios, de atender a un tipo de cliente a atender otro completamente distinto, o tu modelo de negocio se transformó tanto que seguir usando la identidad anterior genera confusión real, no solo incomodidad estética.

Tu categoría entera cambió de códigos visuales y verbales, y quedarte con los antiguos te hace ver desactualizado frente a toda la competencia, no solo frente a tu propio gusto personal.

Una auditoría con evidencia real mostró que las siete dimensiones de marca (distintividad, coherencia, significado, vínculo emocional, experiencia, confianza, disponibilidad) están comprometidas de forma estructural, y no solo en un punto de contacto aislado que se puede corregir sin tocar la identidad completa.

Vas a entrar a un mercado, canal o segmento nuevo donde tu identidad actual no tiene ningún activo distintivo que valga la pena conservar, porque nunca lo construyó en el mercado anterior.

Señales que no justifican un rebranding, aunque se sientan urgentes

Te aburriste de ver tu propio logo. Esto es real y es humano, pero el cliente no tiene la misma fatiga visual que tú. Él lo ve con mucha menos frecuencia y mucha menos atención de la que tú le dedicas.

Un competidor lanzó una identidad nueva y la tuya, en comparación, se siente vieja. Compararte contra el lanzamiento más reciente de alguien más es una trampa constante, porque siempre habrá algo más nuevo apareciendo.

Las ventas bajaron y nadie identificó todavía por qué. Cambiar la identidad sin saber qué está fallando es una apuesta cara sobre un diagnóstico que nunca se hizo.

Sientes que "algo no cuadra" pero no puedes nombrarlo con precisión. Esta sensación es real y vale la pena investigarla, pero la respuesta correcta a esa sensación es una auditoría, no un rediseño directo. Rediseñar sin saber qué corregir es resolver a ciegas.

Cambiar la estética sin saber qué estaba fallando no resuelve el problema. Lo aplaza, y le pone un empaque nuevo encima.

Cómo distinguir una de la otra en la práctica

Con HAUTE la solicitud inicial fue exactamente eso, un rebranding completo, porque "la marca ya no representaba a dónde había llegado el negocio". El diagnóstico previo mostró algo más específico: la identidad visual seguía siendo funcional y reconocible. Lo que se había desalineado era el posicionamiento y el arquetipo, no el sistema visual completo. El proyecto terminó siendo una intervención más quirúrgica de lo que pedían al inicio, y por eso mismo más rápida y más barata que el rebranding total que habían presupuestado.

Eso no significa que un rebranding nunca sea la respuesta correcta. Significa que la decisión de hacerlo o no debería salir de un diagnóstico, no de una corazonada ni de la comparación con el competidor de moda.

Cómo empezar, sin comprometerte todavía a un rebranding

Si estás considerando un rebranding, la pregunta que vale la pena hacerte antes de presupuestarlo es simple: ¿sé exactamente qué está fallando, o solo sé que algo se siente mal? Si la respuesta es la segunda, empezar por ahí es lo que evita gastar en la solución equivocada.

Eso es justo lo que resuelve una auditoría de marca: identificar con evidencia si el problema es de identidad completa, de un punto específico, o de algo que ni siquiera es de marca, antes de decidir qué tan grande debe ser la intervención.

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Artículo por Xaime Betancur — Diseñador Gráfico y Estratega de Marca, Medellín, Colombia.